Anarquismo y sus Aspiraciones (2)

(por Cindy Milstein en su libro del mismo nombre)
Traducción al castellano: @rebeldealegre

Continuación de:
Anarquismo y sus Aspiraciones (1)

Para completar esta definición inicial un poco más, veamos los dos lados de esa frase. Anarquismo es una síntesis de lo mejor del liberalismo y lo mejor del comunismo, elevado y transformado por lo mejor de las tradiciones libertarias que trabaja en pos de una sociedad igualitaria, voluntaria, y no jerárquica. El proyecto del liberalismo en su más amplio sentido es asegurar la libertad personal. El proyecto global del comunismo es asegurar el bien común. Uno podría, y debería, cuestionar la palabra "libre" en ambos casos, particularmente en las implementaciones actuales del liberalismo y del comunismo, y su compartido énfasis en el Estado y la propiedad como “aseguradores” de la libertad. No obstante, respectivamente, y en su modo más "democrático", la finalidad de uno es un individuo que pueda vivir una vida emancipada, y el otro busca una comunidad estructurada sobre líneas colectivistas. Ambas son nociones dignas. Desafortunadamente, la libertad nunca puede ser alcanzada de este modo disparejo: o para sí mismo o para la sociedad. Ambos necesariamente entran en conflicto, casi instantáneamente. El gran salto del anarquismo fue combinar el sí mismo y la sociedad en una sola visión política; a la vez, se deshace del Estado y la propiedad como pilares de apoyo, basándose en vez en la  auto-gestión (o auto-organización) y el apoyo mutuo.
    El anarquismo comprendió que toda forma igualitaria de organización social, especialmente aquella que busca una completa erradicación de la dominación, debía tener como premisa tanto la libertad individual como la colectiva — nadie es libre a menos que todos sean libres, y cada cual puede solo ser libre si cada persona puede individualizarse o realizarse en el más expansivo de los sentidos. El anarquismo reconoció además, aún si solo intuitivamente, que una tarea como tal, es, por un lado, un acto de equilibrio, y por otro, cómo es la vida real. La libertad de una persona necesariamente infringe la de otro, o incluso el bien de todos. Ningún bien común puede satisfacer las necesidades y deseos de cada cual. Esto no significa que haya que abandonar y seguir la ruta del liberalismo o del comunismo, apoyando un lado de la ecuación — en últimas artificialmente — con la esperanza de resolver esta tensión continua. Desde el comienzo, el anarquismo hizo la pregunta mucho más difícil pero al fin pragmática: Reconociendo este acto de malabarismo sí-mismo-sociedad como parte de la condición humana, ¿cómo pueden las personas auto-determinar colectivamente sus vidas para devenir en quienes quieren ser y simultáneamente crear comunidades que sean todo lo que podrían ser?
    El anarquismo comprendió que esta tensión es positiva, que es una parte creativa e inherente de la existencia humana. Destaca que las personas no son todas iguales, ni tampoco necesitan, quieren, o desean las mismas cosas. Como mucho, las aspiraciones básicas del anarquismo por una sociedad libre de individuos libres otorga transparencia a lo que debiese ser una disonancia productiva y armónica: idear modos de coexistir y prosperar dentro de nuestras diferencias. Los anarquistas crean procesos que son humanitarios y sustancialmente participativos. Son honestos respecto del hecho de que siempre habrá incomodidades entre la libertad individual y la social. Reconocen que será un esfuerzo constante por hallar el equilibrio. Es en este esfuerzo exactamente donde ocurre el anarquismo. Es donde la belleza de la vida, en su versión más redonda y auto-construida, tiene las mayores posibilidades de emerger — y a veces, arraigarse.

Continúa en:
Anarquismo y sus Aspiraciones (3)