Gustav Landauer: Revolución del Espíritu (1919)

Traducción al castellano: @rebeldealegre

A lo largo de la Primera Guerra Mundial, Gustav Landauer había tomado una consistente posición anti-guerra. A comienzos de 1918, comenzaron en Alemania huelgas masivas contra la guerra. Los escritos de Landauer rápidamente tuvieron popularidad, especialmente su publicación de 1911, Por el Socialismo. A fines de Octubre de 1918, rompieron motines navales en Kiel, y en Noviembre se formaron asambleas de obreros y de soldados. Mientras la mayoría Social Demócrata proclamó una república, anticipándose a los socialistas radicales, liderados por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. Landauer fue a Bavaria, donde el socialista independiente, Kurt Eisner, había ya proclamado una república social. Landauer se unió al anarquista Erich Mühsam (1868-1934) en el apoyo a un Consejo Revolucionario de Trabajadores que abogaba por una democracia directa de consejos obreros de amplia base en oposición a la democracia parlamentaria. Al contrario de los Marxistas radicales involucrados en el movimiento de consejos, que llamaron a la “dictadura del proletariado”, Landauer argumentó que los consejos debían incluir a todos los miembros de la comunidad y llamó a “la abolición del proletariado como clase distinta” ­(Eugene Lunn, Prophet of Community: The Romantic Socialism of Gustav Landauer, Berkeley: University of California, 1973, pág. 301). En Enero de  1919, la revuelta “Espartaquista” fue aplastada en Berlín, y Liebknecht y Luxemburg fueron asesinados por las fuerzas militares. El movimiento del consejo revolucionario siguió en Bavaria, con Landauer adoptando un rol activo. Eisner fue asesinado en Febrero de 1919. Los Social Demócratas intentaron establecer un nuevo gobierno en Marzo de 1919 y apoyaron la represión violenta de las protestas callejeras. Cuando tres manifestantes fueron asesinados por las fuerzas de seguridad con la aprobación de los Social Demócratas, Landauer comentó, “En toda la historia natural no conozco criatura más repulsiva que el Partido Social Demócrata” (como lo cita Lunn, pág. 321). El gobierno Social Demócrata se retiró a Nuremberg y en Abril de 1919 fue declarada en Munich una República de los Consejos. Landauer participó en la República de los Consejos, pero duró por solo una semana; los Comunistas tomaron entonces el poder después de un intento de golpe por parte de las tropas leales al gobierno Social Demócrata. ­Al comienzo Landauer ofreció su apoyo a los Comunistas, que éstos rechazaron, pero cuando fue claro que su intención era adoptar los métodos autoritarios de los Blocheviques, Landauer retiró su oferta. Dos semanas más tarde fue golpeado brutalmente y baleado hasta la muerte por tropas reaccionarias enviadas por el gobierno central Social Demócrata en Berlín para aplastar la revolución Bávara. Cientos de otras personas fueron también masacradas. El ministro de defensa nacional Social Demócrata, Gustav Noske, felicitó al comandante de las tropas por el “discreto y completamente exitoso modo en que ha conducido usted sus operaciones en Munich” (como lo cita Lunn, pág. 340).
Los siguientes extractos son del prólogo a la segunda edición de
Por el Socialismo, que Landauer escribió en Munich a comienzos de Enero de 1919 mientras aún había esperanzas de genuina transformación revolucionaria por líneas anarquistas comunitarias. La traducción de David j. Parent es de la editorial Telos Press (St. Louis, 1978).


El gobierno ha colapsado; el socialismo es la única salvación. Ciertamente éste no resultó del florecimiento del capitalismo; es el heredero y el hijo repudiado esperando en la puerta tras la cual se pudre el cadáver de su padre no natural. Tampoco puede el socialismo ser añadido al bello cuerpo de la sociedad como cumbre de riqueza nacional y una suntuosa economía; debe ser creado casi de la nada en medio del caos. Desesperado llamé al socialismo; pero de esa desesperación rescaté gran esperanza y dichosa resolución, y la desesperanza que yo y mis semejantes cargamos en nuestros corazones no se ha vuelto una condición permanente.  Que aquellos que ahora deben comenzar la labor de construcción no carezcan de esperanza, de un deseo de trabajar, de conocimiento, y de una creatividad duradera.
Todo lo dicho aquí acerca del colapso aplica por completo solo a Alemania en el presente y a las naciones que, voluntariamente o no, han compartido su destino. Como se dijo, no es el capitalismo como tal el que ha colapsado por virtud de su inmanente imposibilidad, sino el capitalismo de un grupo de naciones, que actúan en conjunto con autocracia y militarismo, y que han sido arruinadas por el capitalismo administrado liberalmente de otra región militarmente más débil y capitalistamente más fuerte, en final conjunción con la erupción volcánica de la ­ira popular de su propio pueblo. No predeciré cuándo y en qué forma ocurrirá el colapso del otro representante más astuto del capitalismo y el imperialismo. Las causas sociales necesarias para que ocurra cualquier revolución están presentes en todas partes. Sin embargo, la necesidad de liberación política, la única razón para que una revolución se mueva hacia un fin y se vuelva más que una revuelta, tiene fuerza variable en aquellos países que han experimentado revoluciones políticas democráticas. Lo siguiente parece ser evidente: mientras más movilidad política libre existe en un país, y mayor la adaptabilidad de las instituciones del gobierno a la democracia, más terrible e improductiva, sin embargo, será la lucha cuando la adversidad, la injusticia y la degradación social finalmente generen el fantasma de una revolución y, en consecuencia una demasiado real guerra civil, si no se toman los pasos para establecer el socialismo inmediatamente...
Pues la revolución puede solo ser política. No obtendría el apoyo de las masas esclavizadas si éstas no desearan también liberarse de la opresión social y de la penuria económica. Sin embargo, la transformación de las instituciones sociales, de las relaciones de propiedad, del tipo de economía, no pueden venir por vía de la revolución. En estos asuntos, los actos desde abajo solo pueden sacudir, destruir y abandonar algo; los actos desde arriba, incluso por parte de un gobierno revolucionario, pueden solo abolir y comandar, mientras que el socialismo debe construirse, erigirse, organizarse desde un nuevo espíritu. Este nuevo espíritu prevalece poderosa y ardientemente en la revolución. Los robots se vuelven personas. Las personas frías, sin imaginación, se encienden de entusiasmo. El status quo completo, incluyendo las opiniones, positivas y negativas, es puesto en duda. La razón, que antes solo se centraba en el interés egoísta, se vuelve pensamiento racional y miles de personas se sientan o caminan inquietos en sus cuartos, por primera vez en sus vidas forjando planes para el bienestar común. Todo se vuelve accesible a los buenos. El increíble milagro es traído al ámbito de la posibilidad. La realidad que de otro modo está oculta en nuestras almas, en las estructuras y ritmos del arte, en las estructuras de fe de la religión, en el sueño y el amor, en miembros danzantes y miradas con fulgor, ahora presiona por su plenitud. Sin embargo, el tremendo peligro sigue siendo que el viejo  modo rutinario y la imitación vacía tomen posesión de los revolucionarios y les convierta en radicales superficiales y sin cultura, con retórica resonante y gestos violentos, quienes ni saben, ni quieren saber, que la transformación de la sociedad puede solo venir en el amor, el trabajo, y el silencio.
Ignoran además otro asunto, a pesar de las experiencias de  revoluciones pasadas. Todas estas revoluciones fueron una gran renovación, un refresco burbujeante, un punto alto de las naciones; pero sus resultados permanentes fueron leves. En últimas trajeron un cambio solo en la forma de des-empoderamiento político. La libertad, madurez, honesto orgullo, auto-determinación política y una coherencia orgánica, corporativa de las masas, desde un espíritu unificador, de asociaciones voluntarias en la vida pública – esto solo puede lograrse mediante un gran ajuste, mediante la justicia económica y social, mediante el socialismo.
¿Cómo podría haber un bien común de comunidades verdaderas en nuestra era, en la que el cristianismo afirma la igualdad de todos los hijos del hombre, en origen, derechos y destino; cómo podría haber una vida pública libre, empapada del espíritu abarcador y dinámico de las personas progresivas entusiastas, si la esclavitud, el desheredamiento y el ostracismo persisten en cualquier forma y disfraz?
La revolución política que lleva al espíritu al poder y le torna en imperativo e implementación decisiva, puede despejar la vía para el socialismo, para un cambio de condiciones por medio de un espíritu renovado. Pero los decretos pueden, a lo más, incorporar a las personas como esclavos del gobierno en una nueva economía de tipo militar; el nuevo espíritu de justicia debe crear sus propias formas de economía. La idea debe abrazar las necesidades del momento dentro de su visión de amplio rango y darles forma enérgicamente. Lo que antes era solo un ideal, es realizado por el trabajo de la renovación nacida de la revolución.
La necesidad de socialismo está aquí. El capitalismo está colapsando. Ya no funciona. La ficción de que el capital funciona ha explotado como burbuja; lo único que atraía al capitalista a este tipo de trabajo, a este riesgo de su fortuna y el liderazgo y administración de la empresa, llámese el lucro, ya no le atrae. La era de la habilidad lucrativa del capital, del interés y la usura, se acabó; los dementes lucros de guerra eran una danza de la muerte. Si nosotros no hemos de perecer en nuestra Alemania, de perecer real y literalmente, la única salvación es el trabajo, real trabajo hecho, realizado y organizado por un espíritu altruista, fraternal. Deben desarrollarse nuevas formas de trabajo, libres de un tributo pagable al capital, creando sin cesar nuevos valores y nuevas realidades, cosechando y transformando los productos de la naturaleza para las necesidades humanas. La era de la productividad del trabajo está comenzando; de otro modo habremos llegado al final de la línea.
La tecnología ha puesto las fuerzas naturales, tanto largamente conocidas como recién descubiertas, al servicio de las personas. Mientras más personas cultiven la tierra y transformen sus productos, más rica la cosecha. La humanidad puede vivir con dignidad y sin cuidado. Nadie necesita ser esclavo de nadie, nadie necesita ser excluido y desheredado. El trabajo, el medio de vida, no necesita volverse un arduo tormento. Todos pueden vivir en apertura de espíritu, alma, juego, y dios.
Las revoluciones y su dolorosamente larga y opresiva pre-historia nos enseñan que solo la más extrema angustia, solo la sensación de total desesperación lleva a las masas a la razón, a la razón que, para sabios y niños, siempre viene naturalmente; ¿qué horrores, ruinas, penurias, flagelos, plagas, conflagraciones y salvajes crueldades hemos de esperar, si aún en esta hora fatídica, la razón, el socialismo, el liderazgo espiritual y la conformidad con el espíritu no entran en las mentes de las personas?
…Nuestra revolución puede y debe distribuir las tierras a gran escala. Puede y debe crear una nueva y revitalizada población en los campos, pero ciertamente no puede dar dicha a la clase capitalista en el trabajo y la empresa. Para los capitalistas, la revolución es solo el final de la guerra: colapso y ruina. Los capitalistas, sus administradores industriales y sus comerciantes pierden no solo sus ingresos sino también perderán sus materias primas y su mercado mundial. Aún más, el componente negativo del socialismo está ahí y no hay poder que pueda removerlo de la tierra: la completa, hora a hora poca disposición creciente de los trabajadores, de hecho  su inhabilidad psíquica, a seguir contratándose a sí mismos bajo condiciones capitalistas.

El socialismo, entonces, debe ser construido; debe ser puesto en operación en medio del colapso, en condiciones de angustia, crisis, improvisaciones. Gritaré ahora desde los tejados cómo desde la necesidad más grande la más grande virtud debe establecerse, y las nuevas corporaciones de trabajo desde la caída del capitalismo y las urgentes necesidades de las masas vivientes. No fallaré en reprender a los proletarios de la industria, quienes se consideran a sí mismos los únicos trabajadores, por su estrechez de mente, la salvaje obstinación, intransigencia y crudeza de su vida intelectual y emocional, su responsabilidad e incapacidad de una positiva organización económica y de liderazgo de emprendimientos. Al absolver a las personas de la culpa y declararlas criaturas de condiciones sociales uno no les vuelve productos de la sociedad distintos del que son, mientras el nuevo mundo será construido no con las causas de las personas sin con las personas mismas.
… El socialismo es posible y necesario en toda forma de economía y tecnología. No tiene uso para la tecnología industrial y mercantil del capitalismo ni para la mentalidad que produjo esta monstruosidad. Ya que el socialismo debe comenzar y ya que la realización del espíritu y la virtud nunca es masiva y normal sino que resulta solo del auto-sacrificio de los pocos y de la nueva aventura de los pioneros, el socialismo debe liberarse de la ruina de la pobreza y la dicha en el trabajo. Por el socialismo debemos volver a la vida rural y a una unificación de la industria, la producción artesanal y la agricultura, para salvarnos y aprender la justicia y la comunidad. Lo que Piotr Kropotkin nos enseñó sobre los métodos de cultivación intensiva de los suelos y la unificación del trabajo intelectual y manual en su importante y ahora famoso libro Campos, Fábricas y Talleres, como también la nueva forma de cooperativa de crédito y monetaria deben ser probadas ahora en nuestra más drástica necesidad y con placer creativo.
La necesidad requiere, voluntariamente pero bajo la amenaza de la hambruna, un nuevo comienzo y construcción, sin los cuales estamos perdidos.
Permítanme una última palabra, la más seria. Si convertimos la mayor de las penurias en la mayor de las virtudes y transformamos el trabajo de emergencia vuelto necesario por la crisis en el comienzo provisional del socialismo, nuestra humillación se abonará   a nuestro honor. Ignoremos el asunto de cómo nuestra república socialista, surgiendo de la derrota y la ruina, se parará entre las naciones victoriosas y los poderosos países dedicados actualmente al capitalismo. No mendiguemos, no temamos nada, no nos estremezcamos. Actuemos entre las naciones, como Job activado por su sufrimiento, abandonado por dios y el mundo para servir a dios y al mundo. Construyamos nuestra economía y las instituciones de nuestra sociedad de modo que podamos regocijarnos en el trabajo y la vida digna. Una cosa es cierta: cuando las cosas vayan  bien con nosotros en la pobreza, cuando nuestras almas estén a gusto, las personas pobres y honorables en todas las otras naciones, en todas ellas seguirán nuestro ejemplo. Nada, nada en el mundo tiene un poder de conquista tan irresistible como el que tiene la bondad. Eramos políticamente retrasados, éramos los lacayos más arrogantes y provocadores; el daño que resultó para nosotros con la inevitabilidad del destino nos ha indignado contra nuestros amos, nos movió a la revolución. Entonces de un solo golpe, es decir del que nos golpeó a nosotros, asumimos el liderazgo. Hemos de liderar la vía al socialismo; ¿cómo más podríamos liderar que por medio del ejemplo? El caos está aquí. Nuevas actividades y agitación están en el horizonte. Las mentes están despertando, las almas se alzan a la responsabilidad, las manos toman la acción. Que la revolución traiga un renacer. Que, dado que necesitamos nada más que personas nuevas y no corrompidas que se levanten de la oscuridad y las profundidades desconocidas, que estos renovadores, purificadores, salvadores no falten en nuestra nación. Que viva la revolución, y que crezca y ascienda a nuevos niveles en duros y maravillosos años. Que las naciones se empapen con el nuevo y creativo espíritu de nuestra tarea, de las nuevas condiciones, de las prístinas, eternas e incondicionales profundidades, el nuevo espíritu que realmente crea las nuevas condiciones. Que la revolución produzca religión, una religión de acción, vida, amor, que haga felices a las personas, les redima y supere situaciones imposibles. ¿Qué importa la vida? Moriremos pronto, todos morimos, no vivimos en absoluto. Nada vive sino lo que hacemos de nosotros, lo que hacemos con nosotros. La creación vive; no la criatura, solo el creador. Nada vive sino la acción de las manos honestas y de la gestión de un puro, genuino espíritu.