Anarquía y Organización: El Debate en el Congreso Internacional Anarquista de 1907 (2/4) Errico Malatesta

Traducción al castellano: @rebeldealegre 
Errico Malatesta:
Anarquismo, Individualismo y Organización

He oído con atención todo lo que se ha dicho previo a mí sobre el problema de la organización y tengo la nítida impresión de que lo que nos separa es el significado distinto que le damos a las palabras. No riñamos por palabras. Pero en cuanto a lo que concierne al problema básico, estoy convencido de que estamos en total acuerdo.

Todos los anarquistas, cualquiera tendencia a la que pertenezcan, son individualistas de un modo u otro. Pero lo opuesto no es cierto; de ninguna manera. Los individualistas se dividen en dos categorías marcadas: una que clama el derecho al completo desarrollo para la individualidad humana, la propia y la de los demás; la otra que solo piensa en su propia individualidad y no tiene duda alguna en sacrificar la individualidad de los demás. El zar de toda Rusia pertenece a la última categoría de individualistas. Nosotros pertenecemos a la primera.

Ibsen escribe que el hombre más poderoso en el mundo es el que está más solo! Absolutamente absurdo! El doctor Stockmann mismo, en quien Ibsen hace pronunciar esta máxima, ni siquiera estaba aislado en el sentido total de la palabra; vivía en una sociedad constituida, no en la isla de Robinson Crusoe. El hombre “solo” no puede llevar a cabo siquiera la más pequeña tarea útil y productiva; y si alguien necesita a un amo sobre él es exactamente el hombre que vive aislado. Aquello que libera al individuo, aquello que le permite desarrollar todas sus facultades, no es la soledad, sino la asociación.

Para poder realizar trabajo realmente útil, la cooperación es indispensable, hoy más que nunca. Sin duda, la asociación debe permitir a sus miembros individuales la autonomía total y la federación debe respetar esta misma autonomía para sus grupos. Somos cuidadosos en no creer que la falta de organización sea una garantía para la libertad. Todo apunta a demostrar que no lo es.

Un ejemplo: hay ciertos periódicos franceses cuyas páginas están cerradas a todos aquellos cuyas ideas, estilo o simplemente persona, tiene la mala fortuna de no ser bienvenida a los ojos de los editores. El resultado es: los editores están investidos de un poder personal que limita la libertad de opinión y expresión de los compañeros. La situación sería distinta si estos periódicos pertenecieran a todos, en vez de ser propiedad personal de tal o cual individuo: entonces todas las opiniones podrían ser libremente debatidas.

Hay mucha charla sobre autoridad, sobre autoritarismo. Pero hemos de ser claros respecto a lo que estamos hablando aquí. Protestamos con todo nuestro corazón contra la autoridad encarnada en el Estado, cuyo solo propósito es mantener la esclavitud económica en la sociedad, y nunca dejaremos de rebelarnos en su contra. Pero existe una autoridad simplemente moral que surge de la experiencia, la inteligencia y el talento, y a pesar de ser anarquistas no hay nadie entre nosotros que no respete esta autoridad.

Es erróneo presentar a los “organizadores,” los federalistas, como autoritarios; pero es igualmente erróneo imaginar que los “anti-organizadores,” los individualistas, se han condenado deliberadamente a sí mismos al aislamiento.

Para mí, repito, la disputa entre individualistas y organizadores es una simple disputa por palabras, que no se sostiene ante el examen cuidadoso de los hechos. En la realidad práctica, ¿qué vemos? Que los individualistas son a veces “organizadores” por la razón de que éstos últimos muy a menudo se limitan a predicar la organización sin practicarla. Por otra parte, uno puede encontrarse con un autoritarismo mucho más efectivo en aquellos grupos que ruidosamente proclaman la “absoluta libertad del individuo,” que en aquellos que son comúnmente considerados autoritarios porque tienen una agencia y toman decisiones.

En otras palabras, todos se organizan — los organizadores y los anti-organizadores. Solo aquellos que hacen poco o nada pueden vivir en aislamiento, contemplando. Esta es la verdad; por qué no reconocerla.

Si se necesitase pruebas de lo que digo: en Italia todos los compañeros que están actualmente activos en la lucha se refieren a mi nombre, tanto los “individualistas” como los “organizadores,” y yo creo que todos están en lo correcto, pues cuales sean sus diferencias recíprocas, todos practican la acción colectiva de todos modos.

Suficiente con estas disputas verbales; atengámonos a la acción! Las palabras dividen y los actos unen. Es tiempo de que todos nosotros trabajemos juntos para ejercer una influencia efectiva sobre los eventos sociales. Me duele pensar que para liberar a uno de los nuestros de las garras del verdugo fue necesario acudir a otros partidos en vez de al nuestro. Ferrer no debería su libertad entonces a los masones y a los librepensadores burgueses si los anarquistas, congregados en una poderosa y temida Internacional, hubiesen sido capaces de conducir por sí mismos la protesta mundial contra la infamia criminal del gobierno español.

Asegurémonos de que la Internacional Anarquista finalmente se vuelva una realidad. Para capacitarnos en apelar rápidamente a todos nuestros compañeros, para luchar contra la reacción y para actuar, cuando sea el momento adecuado, con iniciativa revolucionaria, debe haber una Internacional!