Errico Malatesta: El Movimiento Obrero y el Anarquismo [1 de 3]

Traducción al castellano: @rebeldealegre

Carta abierta dirigida a los editores de El Productor, un periódico anarquista publicado en Barcelona, en el mes de Diciembre de 1925

Queridos compañeros

En su periódico me crucé con la siguiente frase: ‘Si hemos de escoger entre Malatesta, que llama a la unidad de clase, y Rocker, que está a favor de un movimiento obrero con objetivos anarquistas, escogemos a nuestro compañero alemán.’

Esta no es la primera vez que nuestra prensa en lengua castellana me ha atribuido ideas e intenciones que no tengo, y aunque quienes deseen conocer lo que realmente pienso pueden encontrarlo claramente expuesto en lo que yo mismo he escrito, he decidido pedirles que publiquen la siguiente explicación de mi postura.

Primero, si las cosas fuesen realmente como las presentan ustedes, yo también optaría por Rocker contra su ‘Malatesta’, cuyas ideas sobre el movimiento obrero tienen poca semejanza con las mías.

Pongamos algo en claro: un movimiento obrero con objetivos anarquistas no es lo mismo que un movimiento obrero anarquista. Naturalmente, todos desean lo primero. Es obvio que en sus actividades los anarquistas buscan el triunfo final de la anarquía – más aún cuando tales actividades se llevan a cabo dentro del movimiento obrero, que tiene tanta importancia en la lucha por el progreso y la emancipación humana. Pero lo segundo, un movimiento obrero que no solo está involucrado en la propaganda y en ganar terreno para el anarquismo gradualmente, sino que es ya declaradamente anarquista, me parece que es imposible y carecería del propósito que deseamos dar al movimiento.
Lo que importa para mí no es la ‘unidad de clase’ sino el triunfo de la anarquía, que le concierne a todos; y en el movimiento obrero veo solo un medio para elevar la moral de los trabajadores, acostumbrarlos a la libre iniciativa y la solidaridad en una lucha por el bien de todos y volverlos capaces de imaginar, desear y poner en práctica una vida anarquista.

Por ende, la diferencia que puede haber entre nosotros concierne no a los fines sino a las tácticas que creemos más apropiadas para alcanzar nuestros fines en común. Algunos creen que los anarquistas deben congregar a los trabajadores anarquistas, o al menos a aquellos con simpatías anarquistas, en asociaciones separadas. Pero yo, por el contrario, quisiera que todos los asalariados, cual sea su opinión – o no-opinión – social, política o religiosa, unidos solo en la solidaridad y en la lucha contra los patrones, pertenecieran a las mismas organizaciones, y me gustaría que los anarquistas se mantuvieran indistinguibles del resto incluso mientras busquen inspirarles con sus ideas y su ejemplo. Pudiera ser que las circunstancias específicas que incluyen las personalidades, el entorno o la ocasión, sugiriese, o dictase el quiebre de la masa de trabajadores organizados en varias tendencias distintas, de acuerdo a sus visiones sociales y políticas. Pero me parece que en general debiese haber un esfuerzo hacia la unidad, que hermane a los trabajadores en el compañerismo y les acostumbre a la solidaridad, les de mayor fuerza para las luchas de hoy o les prepare mejor para la lucha final y para la armonía que hemos de necesitar en el período posterior a la victoria.

Claramente, la unidad por la que debemos luchar no debe significar la supresión de la libre iniciativa, la uniformidad forzada o la disciplina impuesta, las que frenarían o definitivamente extinguirían al movimiento de liberación. Pero es solamente nuestro apoyo a un movimiento unificado lo que puede salvaguardar la libertad en la unidad. De otro modo, la unidad ocurre por la fuerza y para detrimento de la libertad.

El movimiento obrero no es la creación artificial de ideólogos diseñada para apoyar y poner en efecto un programa social y político dado, sea anarquista o no, y que pueda por lo tanto, en las actitudes que ataca y las acciones que toma, seguir la línea establecida por ese programa. El movimiento obrero brota del deseo y la necesidad urgente de los trabajadores de mejorar sus condiciones de vida o al menos prevenir que empeoren. Debe, por lo tanto, vivir y desarrollarse dentro del ambiente como es ahora, y necesariamente tiende a limitar sus demandas a lo que parece posible en el momento.

Puede ocurrir – por cierto, ocurre a menudo – que los fundadores de las asociaciones de trabajadores sean personas de ideas de cambio social radical y que se beneficien de las necesidades sentidas por la masa del pueblo para despertar un deseo de cambio que se ajuste a sus propios fines. Se rodean de compañeros de mentalidad similar: activistas determinados a luchar por los intereses de otros incluso a expensas de los propios, y forman asociaciones de trabajadores que son en realidad grupos políticos, grupos revolucionarios, para los que los asuntos del salario, horas, regulaciones del ambiente interno de trabajo, son asuntos secundarios que sirven como pretexto para atraer a la mayoría a sus propias ideas y planes.

Pero poco después, a medida que crece el número de miembros, los intereses de corto plazo toman la delantera, las aspiraciones revolucionarias se vuelven un obstáculo y un peligro, los ‘pragmáticos’, conservadores, reformistas, ansiosos y dispuestos a entrar en cualquier acuerdo y acomodación que surja de las circunstancias del momento, chocan con los idealistas y los de línea dura, y la organización de los trabajadores se transforma en lo que necesariamente debe ser en una sociedad capitalista – un medio no para rehusarse a reconocer y para derrocar a los patrones, sino simplemente para prevenir y limitar el poder de los patrones.

Esto es lo que siempre ha ocurrido y no podría ocurrir de otra manera puesto que las masas, antes de adoptar la idea y adquirir la fortaleza para transformar a la sociedad toda de abajo hacia arriba, siente la necesidad de mejorías modestas y de una organización que defenderá sus intereses inmediatos mientras se preparan para la vida ideal del futuro.

Entonces, ¿qué deben hacer los anarquistas cuando la organización de los trabajadores, enfrentada al influjo de una mayoría atraída a ésta solo por sus necesidades económicas, deje de ser una fuerza revolucionaria y se involucre en un acto de equilibrio entre el capital y el trabajo y posiblemente incluso se vuelva un factor en la preservación del status quo?

Hay compañeros que dicen – y lo han hecho cuando se hace esta pregunta – que los anarquistas deben retirarse y formar agrupaciones minoritarias. Pero esto, para mí, significa condenarnos a volver al comienzo. La nueva agrupación, si no ha de seguir siendo un mero grupo de afinidad sin influencia alguna en la lucha de los trabajadores, describirá la misma parábola que la organización que antes abandonó. En el entretanto se sembrarán las semillas de lo amargo entre los trabajadores y sus mejores esfuerzos serán desperdiciados en la competencia con la organización de la mayoría. Luego, en un espíritu de solidaridad, para no caer en la trampa de jugar el juego de los patrones y para seguir los intereses de sus miembros, llegará a términos con la mayoría y se postrará ante su liderazgo.

Una organización obrera que se estile anarquista, que fuera y permaneciera genuinamente anarquista y se compusiera exclusivamente de anarquistas acérrimos y convencidos podría ser una forma – en algunas circunstancias una extremadamente útil – de agrupación anarquista; pero no sería ésta el movimiento obrero y carecería del propósito de tal movimiento, que es atraer a la masa de los trabajadores a la lucha, y, especialmente para nosotros, crear un vasto campo para la propaganda y formar nuevos anarquistas.

Por estas razones creo que los anarquistas deben mantenerse – y si es posible, naturalmente, con dignidad e independencia – dentro de aquellas organizaciones como son, trabajar dentro de ellas y buscar su avance con la mejor de sus habilidades, listos para hacer uso, en momentos críticos de la historia, de la influencia que puedan haber obtenido, y transformarlas prontamente desde modestas armas de defensa a poderosas herramientas de ataque.

Mientras tanto, por supuesto, el movimiento mismo, el movimiento de ideas, no debe ser desatendido, pues esto provee de la base esencial para la cual todo lo demás provee de medios y herramientas.

Suyo por la anarquía,
Errico Malatesta

Diciembre, 1925