Kropotkin: Celebrando el Aniversario de Bakunin (1914)

Proudhon / Bakunin / Kropotkin
Traducción al castellano: @rebeldealegre 

Mientras Kropotkin y Bakunin nunca se conocieron, Kropotkin fue introducido al anarquismo revolucionario por los asociados de Bakunin en la Federación del Jura, una sección suiza de la Asociación Internacional de Trabajadores (la “Primera Internacional”), aunque ya estaba él familiarizado con el anarquismo mutualista de Proudhon. Más adelante Kropotkin da el crédito a Bakunin de establecer “en una serie de poderosos panfletos y cartas los principios conductores del anarquismo moderno” (La Ciencia Moderna y el Anarquismo). Reproducimos aquí una carta que Kropotkin escribió en el centenario del nacimiento de Bakunin, en la que pone de manifiesto su apreciación del rol de éste en el desarrollo del anarquismo moderno con más detalle.

Queridos Compañeros
Siento no poder estar con vosotros para la conmemoración del nacimiento de nuestro gran maestro, Mikhail Bakunin. Hay pocos nombres que deban ser tan queridos para los trabajadores revolucionarios del mundo como el nombre de este apóstol de la revuelta de masas de los proletarios de todas las naciones.
Seguramente, ninguno de nosotros pensará jamás en minimizar la importancia de aquella labor del pensamiento que precede a toda Revolución. Es la consciencia de los males de la sociedad lo que da a los pisoteados y oprimidos el vigor requerido para la revuelta en su contra.
Pero en inmensos números de la humanidad yace un enorme abismo entre la comprensión de los males y la acción necesaria para deshacerse de ellos.
Mover a las personas a cruzar este abismo, y pasar de las quejas a la acción, fue la obra central de Bakunin.
En su juventud, como la mayoría de las personas educadas de su tiempo, rindió tributo a los caprichos de la filosofía abstrusa. Pero pronto encontró su camino con el advenimiento de la Revolución de 1848. Una ola de revuelta social crecía entonces en Francia, y se lanzó de alma y corazón a la tempestad. No con aquellos políticos ya preparados a tomar las riendas del poder tan pronto como la monarquía cayera bajo los golpes de los proletarios rebelados. Él previó, sabía ya, que los nuevos gobernantes estarían en contra de los proletarios en el momento en que estuviesen a la cabeza de la República.
Él estuvo con las masas inferiores de los proletarios de París — con aquellos hombres y mujeres cuyas vagas esperanzas estaban ya dirigidas hacia un Commonwealth [mancomunidad] Comunista y Social. Aquí representó el tan necesitado enlace entre los partidos avanzados de la Gran Revolución de 1793 y la nueva generación de Socialistas, un gigante intentando inspirar a los generosos pero demasiado pacíficos proletarios socialistas de París con la severa osadía de los sans-culottes de 1793 y 1794.
Por supuesto, los políticos pronto vieron cuán peligroso era un hombre como tal para ellos, y lo expulsaron de París antes que las primeras barricadas de Febrero de 1848 fueran construidas. Estaba muy en lo cierto, aquel burgués republicano Caussidière, cuando dijo de Bakunin: “Tales hombres son invaluables antes de la Revolución. Pero cuando una Revolución ha comenzado — deben ser liquidados.” Claro que sí! No estarán satisfechos con las primeras victorias de las clases medias. Como nuestros amigos trabajadores portugueses [que participaron en la revolución portuguesa de 1910], querrán resultados prácticos inmediatos para el pueblo. Querrán que todos en las masas pisoteadas sientan que una nueva era ha llegado para el harapiento proletario.
Claro, los burgueses deben liquidar a personas como tales, así como liquidaron a los trabajadores de París en 1871. En París, tomaron la precaución de expulsarlo antes que la Revolución comenzara.
Expulsado de París, Bakunin tuvo su revancha en Dresden, en la Revolución de 1849, y aquí sus peores enemigos tuvieron que reconocer sus poderes de inspiración de las masas en una lucha, y sus capacidades de organización. Luego vinieron los años de prisión en la fortaleza de Olmütz, donde estuvo encadenado al muro de su celda, y en las profundas casamatas de las fortaleza de San Petersburgo y Schlüsselburg, seguido de años de exilio en Siberia. Pero en 1862 escapó de Siberia a los Estados Unidos, y luego a Londres, donde se reunió con los amigos de su juventud — Herzen y Ogaroff.
De alma y corazón se lanzó a apoyar la revuelta polaca de 1863. Pero no fue sino hasta cuatro años más tarde que encontró el entorno y el suelo apropiado para su agitación revolucionaria en la Asociación Internacional de Trabajadores. Aquí vió masas de trabajadores de todas las naciones uniendo las manos a través de las fronteras, y luchando por volverse lo suficientemente fuertes en sus Sindicatos como para deshacerse del yugo del Capitalismo. Y de una vez comprendió cuál era el bastión principal que los trabajadores debían atacar para tener éxito en su lucha contra el Capital — el Estado. Y mientras los socialistas políticos hablaban de tomar el poder del Estado y reformarlo, “Destruir el Estado!” se volvió el grito de guerra de las Federaciones Latinas, donde Bakunin encontró a sus mejores amigos.
El Estado es el bastión principal del Capital — fue una vez su padre, y ahora es su principal aliado y soporte. En consecuencia, Abajo el Capitalismo y abajo el Estado!

Toda su experiencia previa y un amistoso y cercano intercambio con los trabajadores Latinos hizo de Bakunin el poderoso adversario del Estado y el fiero luchador revolucionario comunista anarquista en que se convirtió en los últimos diez años de su vida.
Aquí Bakunin desplegó todos los poderes de su genio revolucionario. No puede uno leer sus escritos durante aquellos años — la mayoría panfletos que tratan de asuntos del día, y sin embargo llenos de profundas visiones de la sociedad — sin ser encendido por la fuerza de sus convicciones revolucionarias. Al leer estos escritos y al seguir su vida, uno comprende por qué inspiró tanto él a sus amigos con el fuego sagrado de la revuelta.
En sus últimos días, aún entre los espasmos de una enfermedad mortal, aún en sus últimos escritos, los que él consideró su testamento, siguió siendo el mismo firmemente convencido revolucionario anarquista y el mismo luchador, listo a unirse a las masas donde fuese en su revuelta contra el Capital y el Estado.
Que, entonces, sigamos su ejemplo. Que continuemos su obra, nunca olvidando que dos cosas son necesarias para tener éxito en una revolución — dos cosas, como uno de mis compañeros dijo en el juicio de Lyon: una idea en la cabeza, y una bala en el rifle! La fuerza de la acción — guiada por la fuerza del pensamiento anarquista.

— Piotr Kropotkin, 1914