Voltairine de Cleyre: La Cuestión de la Mujer (1913)

Traducción al castellano: @rebeldealegre
Imagen: Zodaxa

Extracto de una charla ofrecida en Escocia, reimpresa más tarde en el Herald of Revolt, 1913. La “cuestión de la mujer” era la frase usada entonces para describir los asuntos que hoy llamaríamos “feminismo” o “derechos de la mujer.” Su referencia a “una parte de los anarquistas” es por los muchos hombres anarquistas, radicales en la política, no así en lo demás, que pensaban que el único problema que enfrentaban las mujeres era que los maridos de algunas de ellas tenían bajos ingresos.

Una parte de los anarquistas dice que no existe la “Cuestión de la Mujer” aparte de nuestra situación industrial presente. Pero tal afirmación es en general hecha por hombres, y los hombres no son los más adecuados en sentir las esclavitudes de las mujeres. Los científicos argumentan que las funciones nutritivas de la sociedad son realizadas mejor por el hombre, las reproductivas por la mujer, que encontrar el alimento se hace lejos de la crianza de los hijos en casa; y que si la mujer entra a la arena industrial las habilidades que la distinguen sufrirán. Entre las clases trabajadoras esto no es así, pues las mujeres trabajan duro en las labores del hogar, y a veces se introducen en la costura, o salen a lavar para otras personas. La labor doméstica de la mujer es la más mal pagada en el mundo. El matrimonio no es conveniente para la mujer. Una promesa del hombre casado a la mitad masculina de la sociedad (las mujeres no son contadas en el Estado), es ¡que él no fallará en sus responsabilidades para con ellos! El matrimonio está desacreditado, tanto por sus resultados como por su origen. Puede que los hombres no pretendan ser tiranos cuando se casan, pero con frecuencia llegan a serlo. No es suficiente prescindir del sacerdote o del registro civil. El espíritu del matrimonio da lugar a la esclavitud.

Las mujeres se están involucrando más y más en la industria. Esto significa que otras puertas se le abren aparte de la puerta del servicio doméstico. Significa también que así como los hombres han desarrollado la individualidad por el hecho de arrojarse a todo tipo de empleos y condiciones, de modo similar lo harán las mujeres. Y con el desarrollo de la diversidad vendrá el irreprimible deseo de su expresión, y luego, la necesidad de las condiciones materiales que permitan aquella expresión. La inasequible tranquilidad en los hogares juega en contra de esa condición, mientras que el modo “abominablemente antieconómico”  en el que se realizan las labores — siendo éstas, a una escala infinitesimalmente pequeña, lavandería, panadería, alojamiento, restorán y enfermería, todo en uno — también la condenan al hogar.

Sin embargo, con la introducción de ideas destinadas a seguir con la inserción del trabajo femenino en la industria, el hogar en su forma presente debe desaparecer… Mientras tanto aconsejaría con fuerza a toda mujer que contemple la unión sexual de cualquier tipo, que nunca viva con el hombre que ama, en el sentido de arrendar una casa o dormitorio, — y se vuelva su ama de casa.

En cuanto a los niños, viendo la cantidad de infantes que mueren, esta alarma es un tanto hipócrita; pero, ignorando esta consideración, antes que nada, debe ser asunto de la mujeres estudiar el sexo y el control parental — nunca tener un hijo a menos que lo desees, y nunca desearlo (de modo egoísta, por el placer de tener un lindo juguete), a menos que tú, tú sola, seas capaz de mantenerlo.

Los hombres, por otro lado, pueden contribuir al sustento de sus hijos; pero en virtud de que este sustento sea voluntario — estarían en una situación en que su oportunidad de tener algo que decir en el manejo de los niños dependería de su buena conducta.